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Hasta la primera mitad del siglo XIX, la histeria era una enfermedad diagnosticada casi en su totalidad en mujeres.

Su nombre procede de "Hystéra", palabra griega que significa útero.  

Freud teorizó que la histeria provenía de una emoción internada de cólera, repugnancia o conflicto sin resolver. 

Las mujeres que la sufrían resultaban incómodas a los hombres que las rodeaban, por lo que las mujeres que resultaban incómodas a los hombres, automáticamente pasaban a padecer histeria. 

A partir del siglo XX, se empezó a descartar la idea de que era una "enfermedad del útero", y pasó entonces a reclasificarse dentro del grupo de las neurosis. Técnicamente, se denomina "trastorno de conversión".

Con todo, hoy día, cuando las mujeres osamos rebelarnos, ponernos en pie y luchar contra nuestras opresiones, nos siguen diciendo que somos unas histéricas.

Lo somos. Y ahora van a saber cuánto.